¿Qué sería del cine sin ‘la katana’? (5 razones para no ver ’47 ronin’).

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FREDO MERCURY, “Tan tarde, siempre roso…”

Alguna vez se han puesto a pensar ¿Qué sería de una buena parte de la industria del cine si no hubiera existido la katana? ¿Cuál hubiera sido, entonces, el arma exótica y mística por excelencia que remplazara tal instrumento? ¿Habríamos podido hablar de un Kurosawa? ―sorry, Akira; IKIRU es aburrida y nadie te recordaría por eso―

¿Los pubertos, los gordos feos vendedores de películas piratas y las lenchas, habrían podido tener su sueño húmedo con una Uma Thurman vistiendo un traje amarillo? ¿Habríamos podido ver a Highlander pelear en una tercera película? ―¡bueno!, aunque esa chingadera nunca debió ver la luz del día―. Es obvio que nos estaríamos perdiendo de una exorbitante cantidad de exquisitas obras cinematográficas que tienen como recurso principal dicha arma, o de otras no tan exquisitas pero que al menos cuentan con buenas secuencias de chingadazos que te hacen tragar y tragar palomas y nachos con queso.

Pues ’47 ronin’, si bien no fue una de esas obras maestras cinematográficas en lo que a peleas y batallas de samuráis se refiere, tampoco fue una de esas películas que al menos te entretuvo un rato con harto putazo (porque pa’ putazos, sólo contaban con el protagonista) limpio y choques de espadas. Bien podría concluir la nota aquí, porque de esta pendejada no hay más de qué hablar. Pero lo divertido es siempre criticar y hacer mierda el trabajo ajeno, y vaya que eso se nos da muy bien a todos, por eso decidí entrar, junto con ustedes, en el papel de #filósofohermeneutaanalógicoamateur (y lo pongo en hashtag por equello de los “ociosos de la red”) para realizar esa labor. Hay, entonces, varios aspectos a considerar para decir que esta película es de las peores en el género de “peleas de espaditas” ―nadie pensó en las de carne, ¡NO!―:

Parece que en la industria cinematográfica deambulan mentes que creen fervientemente  que es necesario mantener cierto equilibrio en cierta fuerza, y para ello deben evitar el exceso de cintas de acción que cuenten sólo con armas de fuego, por tanto, cada determinado tiempo se selecciona a alguien para producir una pieza que contenga el uso de armas punzocortantes y, ayudándose de su inmediatez intelectiva les digan: “Usa katanas, eso nunca falla”. El problema radica cuando ocurre que, personas que NO son elegidas  por esas mentes, sino que ellas mismas se autonombran los nuevos elegidos para mantener el equilibrio. Tal parece ser el caso de Carl Rinsch. A ver… Ok, pues me di a la tarea de investigar un poco sobre este sujeto, pero parece que sólo lo conocían en su casa, y eso es mucho decir, porque pareciera que un día cruzó la puerta pero nadie le prestó atención cuando dijo: “Mamá, papá, regreso en un par de horas, voy a hacer una película de samuráis… y salvar el equilibrio.” Sólo se percataron de él hasta que lo vieron por televisión diciendo lo mismo que dijo mientras bajaba las escaleras del porche.

Y así como no saben de dónde se sacan la idea de ser los salvadores del equilibrio, tampoco saben cómo hacer una película de samuráis. Entonces ¿qué hacen? pues acudir a las leyendas del Japón. ¡Ok, va! No hay pedo, es un buen comienzo, piensan en las adaptaciones. Una vez inmersos en el desarrollo de la idea, les da el fenómeno ‘Lisa Simpson’, o sea, que cuando todo marcha según el plan, inconscientemente hacen algo para sabotearse ellos mismos. Y un caso típico de auto-sabotaje es ese “toque distintivo” del director, “la firma”, algo que los diferencia de los demás… según ellos. En el caso de Carl Rinsch su toque distintivo fue ‘EL PODER GRINGO’, o sea, colocar un hombrecillo blanco en una historia mítica de una cultura inferior al ‘PODER GRINGO’. ¡Claro, Carl, a nadie se le había ocurrido antes que el héroe de una historia de asiáticos termine siendo un extranjero! Ah claro, ya para justificarlo, termina llamándolo “El mestizo”. En fin, nunca se les podrá quitar la idea de querer ser los salvadores de todo.

Ahora que si piensas hacer una película que claramente ―bueno, no sé si sea tan claro, pero al menos hasta donde yo pude percibir― tiene temática referida a la Tierra del Sol Naciente, donde hay samuráis japoneses, shogunes japoneses y geishas japonesas (si en este punto del texto haces un alto para criticar categóricamente la redundancia de los términos que utilizo, te sugiero que le bajes dos rayitas a tu #filósofohermeneutaanalógicoamateur, porque si no, quedarás como el pendejo que no entendió el chiste), ¿¡por qué coños haces que hablen inglés!? ¿¡No aprendiste de la pisada de mierda que hizo  Rob Marshall con ‘Memoirs of a Geisha’!? (y en ésta sí hay una excepción a la regla: esas eran geishas chinas, ¡jua, jua, jua, jua…!). Yo opino que era más fácil hacer hablar japonés a tu “Mestizo”, que inglés a los otros 46 cabrones, pero es sólo mi humilde opinión.

Ahora, ¿qué haces cuando metes en el reparto a: un ““actor”” que sólo puede hacer dos expresiones, una de ‘wey con cara de pendejo’, y otra de  ‘wey con cara de pendejo que cree que tiene poderes’; una actriz que, de este lado del charco, todos la recuerdan por enseñarle la puchi a un policía en otra  película; un ex-cantante de j-pop y un tipo que sólo lo recuerdas por otra película de japoneses con héroe gringo (o sea, él no tuvo relevancia)? Pues mucha pinche edición, amiguito. Enfoquémonos sólo en los dos primeros: Ya todos nos dimos cuenta de que Keanu Reeves es ágil y poderoso gracias a la magia de la postproducción, si no fuera porque la tecnología ha avanzado, seguiría luciendo igual de lento que en ‘Matrix’, tiene una agilidad con el tiro con arco que Katniss Everdeen se queda pendeja… ¡ja, ja, ja, sarcasmo! ¿Ya se fijaron que tiene cara de pendejo? En donde sí se lleva puntos buenos, es en su gran trabajo por mantener dentro de sí su lado femenino. Rinko Kikuchi, pese a que enseñó todito en ‘Babel’ a nadie se le antojó, ahora la vemos como una hippie con un cabello tan, pero tan mugroso que hasta se mueve por sí solo. Parece que en esta cinta hubiera trabajado con productores de Televisa que le dijeron: “Tienes que ser villana y a la vez sexy”, entonces el resultado es una bruja de Disney con un poco del histrionismo que se usa en el Colegio de Teatro de la FFyL. Sus puntos buenos se los lleva en que le han sentado bien los años.

La historia es la de siempre, samuráis que quieren vengar a su Daimio, los buenos ganan, los malos pierden. Seguro puedes pasártela mejor viendo títulos del cine clásico de samuráis. Ahora que si ya la viste, no te preocupes, no te sientas mal, siempre habrá cosas peores, como ir al cine a ver “nuevo cine mexicano”, por ejemplo.

Para concluir, estas son las cinco razones por las que no debes ver ’47 ronin’:

1)      Keanu.

2)      Mr. Reeves.

3)      Neo.

4)      Constantine.

5)      El novio de Trinity.

post-14325-Keanu-Reeves-whoa-gif-Imgur-xpmf¡Gracias, TOTALES!

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5 comentarios en “¿Qué sería del cine sin ‘la katana’? (5 razones para no ver ’47 ronin’).

    • No es que sea un intolerante a la cerrera que ha formado con su cara ja, ja, ja, ja. Veo las películas en las que actúa y no me desagradan… Sólo hay que tomar en cuenta algo: El artículo es un chascarrillo de principio a fin. Espero que no se halla tomado con “seriedad”, digo, ya que no podía anticipar en el encabezado que, efectivamente, es un chiste, de lo contrario sería como explicarlo. XD
      Gracias por leernos.

  1. BOB

    En GI Joe y kill bill se disparan y agarran a katanazos…. ¡¿Mantienen el equilibriooo!? Es lo que le faltaba al cine de acción mexicano, Lola la trailera y los hermanos almohada debieron de sacar sendas katanas de la vaporera de los tamales pa y desjarretar villanos :P ya me lo imaginoooooo……

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