Soy intelectual…

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 LA PELOS, ”Pasa de $24,000; si no, ¡divorcio!”

‘Imagen’ es algo que muchos tratan de transmitir en cada una de sus acciones diarias, desde su forma de vestir, hablar, caminar, etc. Pero hay una de la cual no se puede prescindir, sin importar en qué círculo social te desenvuelvas: a casi ninguno, podría asegurarse, le gustaría que los demás se percaten de su ‘pendejez’. Y es que la figura del intelectual no solamente tiene que ver con aquellos chicos universitarios que saben citar a la perfección y en diversos idiomas (sí, hay los que se enorgullecen de poder leer en varios idiomas el mismo libro, aunque en ninguno de ellos lo hayan comprendido realmente) a los autores que llevan todos los días con ellos en su mochila, esperando tener la oportunidad de mostrar que ellos son unos verdaderos expertos.

Sin embargo, la figura del inteligente no solamente tiene que ver con este tipo de conocimientos. Puede también ser reflejo de la gran capacidad que tienes para decir una serie de estupideces que no eres realmente capaz de comprender, pero que ayudan mucho a la hora de estar platicando con tus tíos, amigos, y por que no, con la pareja.

En Aretes de Tacón tratamos de ser lo más honestos posibles con respecto del nivel de idiotez que manejamos cada uno de nosotros, pero no por ello desconocemos las formas en las cuales algunos pueden llegar a considerarnos como todos unos intelectuales, y es que, debemos admitirlo, gran parte de nuestra preparación académica nos hace unos verdaderos expertos en el tema. Es por ello que, como una ayuda a la comunidad, me atrevo a pasarte unos consejillos para que desde ahora, no importando si estás platicando con la señora de las quesadillas, con tus padres o con cualquiera de los compañeros posers que tengas, siempre seas considerado como todo un intelectual. Así que mi pequeño padawan, ponte atento y cómodo, porque estás apunto de saber cómo convertirte en el próximo Schopenhauer de tus círculos sociales (quizá un poco menos odioso).

Uno de los primeros pasos es conocer bien al tipo de interlocutor al cual te enfrentas, ya que dependiendo de ello es que podrás poner en marcha todos aquellos conocimientos que considere como valiosos la otra persona -no te puedes poner a hablar del problema de la des-politización en la posmodernidad (nótese el uso de conceptos para despistar al enemigo) si es que te encuentras conversando con tu tía, aquella que descubrió el hilo negro gracias a la ayuda de Paulo Coelho. Para éste específico tipo de personas, a las cuales les encanta dar consejos sobre cómo debes llevar tu vida, no hay nada mejor para impresionarlas que frases sacadas de los programas de Toño Esquinca y Mariano Osorio. Sin embargo, deberás de ser muy suspicaz para poder usarlas, dado que es muy probable sea una asidua radio-escucha de estos dos pendejos, por lo que siempre puedes decir que la frase es del Dalai Lama o abusar de nombres como Epícteto, Marco Aurelio o algo por el estilo.

Ahora, si lo que estás intentando hacer es más bien impresionar a otro pseudo intelectual igual que tú, debes de tener mucho cuidado, pues esto es aún más complicado. Requieres de una serie de trampas que no solamente tienen que ver con los autores o tipo de frases que utilices, debes estar al pendiente de detalles tales como el movimiento de tus manos. Recuerda que si eres hombre, entre más afeminado (sin caer en joterías) o sofisticado te veas, tus argumentos tendrán más peso. Otra cosa importante es tu postura, procura que cuando digas algo que se supone debe ser de suma importancia, tengas un cigarro cerca y lo prendas mientras terminas de explicar el argumento (si no fumas, lamento decirte que tu retórica pierde muchos puntos) y justo cuando hayas terminado exhales el humo, eso siempre cubre de un ‘aire de importancia’ lo que dices. Pero claro, mientras haces eso, cruzas la pierna y te inclinas hacia atrás, como dando a entender que estás sumamente seguro de lo que dices.

En cuanto al manejo del lenguaje, procura que sea lo más rebuscado posible y pasa de un autor a otro sin previó aviso, de tal forma que al otro le de pena preguntar cómo es que saltas entre ellos (pues recuerda, siempre puedes contar en que no preguntarán ese tipo de cosas para no verse como idiotas). Algo más que siempre puedes hacer es aprenderte una o dos palabras en otros idiomas, pero recuerda que debes ser más creativo y que no sean en inglés, es mucho mejor si son en idiomas como latín, griego, alemán, etc.

Estas son unas de las variadas cosas que puedes hacer para siempre quedar bien en las conversaciones, sin importar con quién te encuentres hablando y cuál sea el tema. El punto es que tú siempre tengas una opinión con respecto de todo, pues claro, qué clase de imbécil serías sino opinas de todo, ¿verdad? Por último sólo quiero recordarles que hay temas sobre los cuales jamás debes hablar, a pesar de lo mucho que sepas al respecto. Algunos son: Telenovelas, fútbol, chismes de estrellas pop, horóscopos, etc. Y si acaso lo llegas a hacer, tendrá que ser para ridiculizar, pues eso es lo que cualquier intelectual responsable haría., Para ello siempre puedes memorizar una de las muchas anécdotas que cita Slavoj Žižek (aunque claro, no es necesario que hayas entendido el por qué de la referencia, solo que la memorices) .

Ahora se encuentran un poco más cerca de ser el centro de atención que siempre quisieron. Si ustedes conocen otros tips, por favor: ¡compártanlos! No teman perder todo ese gran cúmulo de conocimiento que poseen.

homero

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