Miyazaki en breve

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Esta mañana murió Paco de Lucía; esta mañana el mundo se volvió tantito peor. Pero mañana jueves 27 de febrero, se inaugurará el Festival Internacional de Cine de la UNAM (FICUNAM) en la plaza de Santo Domingo, en el centro de la Ciudad de México, con nada más y nada menos que el estreno nacional de Kaze Tachinu (El viento se levanta), de Hayao Miyazaki.

 El evento será gratuito y abierto, a las 7 de la noche, lo cual representa un cambio en la manera de hacer las cosas en el evento. La directora y programadora del FICUNAM, Eva Sangiorgi, dijo que este evento estaba dirigido a los jóvenes y los cambios en sedes y programación son para blá blá blá… mierda y media que no me interesa, como el resto del Festival, porque soy un pinche naco y no me he fijado en qué más hay.

Lo que me interesa es que proyectarán la última película de Miyazaki (según él) y eso sí que es bueno. Despedir a un grande en un evento “multitudinario” -tanto como puede serlo un animé en ese lugar a esa hora- me parece un gran pretexto para ir bien puesto con la banda a pasármela bien en un centro lleno de gente, para variar. ¿Y por qué me parece importante este pedo? ¿Qué me hace decir que se despide a un grande? Si no lo conocen, aquí en Aretes de Tacón les presentamos una breve retrospectiva del cabrón este, ¡nomás para que se caguen!

Hayao Miyazaki, nacido en 1941 en Tokio, es un animador, director, productor, escritor y mangaka que, por decir poco, se hizo famoso cuando se ganó el Oscar en 2002 con El Viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no Kamikakushi). Su carrera, sin embargo, es mucho más larga que eso. Inició modestamente como ilustrador y animador en la legendaria Toei Animation a principios de los 60, justo después de graduarse en Ciencias Políticas y Economía. Su primera participación importante se dio hasta el 68, cuando fue jefe de animación y diseñador de Little Norse Prince (cuyo nombre original sería algo así como La gran aventura de Horus, príncipe del Sol, pero en español le pusieron La princesa encantada ¡Háganme el puto favor!), debut de dirección del gran colaborador de Miyazaki en adelante, Isao Takahata. Al año siguiente hizo lo propio con El Gato con Botas (Nagagutsu o Haita Neko), producción firma del estudio hasta la fecha.

En 1971 salió de Toei para trabajar en sus primeros intentos como director, con dos series que impactaron su carrera notablemente: Lupin III (Rupan Sansei), sobre las aventuras del nieto del ladrón caballero de Leblanc, y Future Boy Conan (Mirai Shōnen Konan), basada en la novela La marea increíble de Alexander Key. Para finalizar la década, en 1979 apareció su primer largometraje, El Castillo de Cagliostro (Rupan Sansei: Kariosutoro no Shiro), una nueva aventura de Lupin III. Aunque hay bastante que decir sobre éstos y otros animés en los que colaboró durante este tiempo, ya me siento bastante nerd y hay que pasar a lo bueno.

En 1984, el estudio Top Craft publicó la primera película dirigida y escrita por él, Nausicaä del Valle del Viento (Kaze no Tani no Naushika), en la que se puede ver ya formado el repertorio ideático de este autor. Como se aprecia, la mayoría de sus trabajos anteriores estuvieron fuertemente influenciados por la cultura occidental, utilizando cuentos folklóricos o novelas modernas por igual. Aunado a estas influencias, en esta película original se introducen conceptos que conservará en la mayoría de sus producciones futuras: una clara preocupación por la relación del ser humano con el medio ambiente y con la tecnología; un cierto impulso feminista representado en sus protagonistas femeninas; presencia constante de elementos mágicos y fantásticos, y una exploración ideológica de los fenómenos bélicos tendiente al pacifismo, aunque un tanto resignada al pacifismo como utopía. Es, además, la primera colaboración de Miyazaki con Joe Hisaishi, que se encargaría de la música de sus proyectos restantes y de otros en Studio Ghibli.

Tras el éxito obtenido con esta película, Miyazaki y Takahata fundaron Studio Ghibli en 1985, bajo la premisa de hacer animé de calidad sin escatimar en gastos de producción. Esto es de resaltar porque esta postura se podría calificar incluso de contestataria ante el modo de producción prevaleciente. Durante estos años, y básicamente desde el principio de las series televisivas con Osamu Tezuka, la animación japonesa se basaba en producciones de bajo presupuesto, con animaciones simplificadas y cualquier otro artilugio para reducir costos e incrementar la elaboración de material. La innovación y producción de calidad se había abandonado en algunos largometrajes y cortos experimentales.

Con esto en mente, Studio Ghibli estrenó su primera película, dirigida y escrita por Miyazaki, en 1986: Laputa: el Castillo en el Cielo (Tenkū no Shiro Rapyuta), que cuenta la historia de dos huérfanos en su búsqueda del castillo del título. La siguiente película de Miyazaki, Mi vecino Totoro, (Tonari no Totoro, 1988), es un cuento infantil sobre dos niñas y su vecino-espíritu-del-bosque; el personaje es tan lindo y querido y así…, que se volvió el logo del estudio. El siguiente año, Miyazaki atacó de nuevo con Kiki: Entregas a Domicilio (Majo no Takkyūbin), basada en la novela para niños de Eiko Kadono.

Tomándose las cosas con un poco más de calma, los siguientes 15 años sólo vieron cuatro películas de Miyazaki, pero que fueron el boom. En 1992 apareció Porco Rosso (Kurenai no Buta), una película ubicada en el Adriático sobre un cerdo aviador italiano antifascista caza recompensas. OSOM. Después, en 1995, La Princesa Mononoke (Mononoke-hime) nos introdujo a un drama épico-fantástico-histórico-ecologista ubicado en el periodo Muromachi japonés, adornado de una producción bellísima. Con ella vino también el reconocimiento internacional. Finalmente, en 2001 se presentó el pináculo mediático, la película que le mereció el hype internacional y no sólo el Oscar, sino también el Oso de Oro de Berlín. El Viaje de Chihiro, otra aventura fantástica de una niña forzada a sobrevivir en el mundo de los espíritus y salvar a sus padres de la autodestrucción, le dio la vuelta al mundo casi instantáneamente. A esta película siguió El Increíble Castillo Vagabundo (Hauru no ugoku shiro, 2005), basada en la novela de  Diana Wynne Jones del mismo nombre. Otro hitaso, estrenado en el Festival de Cine de Venecia y toda la cosa.

Para este punto, las películas de Studio Ghibli, con las de Miyazaki a la cabeza, ya se distribuían ampliamente en nuestro continente, siendo Disney-Pixar el mayor interesado. Aunque el público infantil seguía siendo el principal objetivo, las tramas y desarrollos de estas últimas películas tuvieron una mira más amplia; los distintos niveles de complejidad, sea en cuanto crítica social o ecológica, en la temática y desarrollo de personajes, o en los métodos de animación, atraparon a un variado auditorio. Tres años después, Miyazaki volvió con una adaptación bastante libre de un famoso cuento de Andersen, tan libre que no se parecen en casi nada (ajá). Titulada Ponyo y el Secreto de la Sirenita (Gake no Ue no Ponyo), esta nueva producción, a mi parecer, está altamente influida por el efecto Disney y devuelve a Miyazaki a los más morritos de una manera hasta sosa, disneyosa… y aún así está cagada.

Y ya, desde entonces hasta ahora. Miyazaki siguió escribiendo en producciones de Studio Ghibli, pero no había hecho nada propio hasta la que veremos mañana y que se anuncia como su despedida definitiva. Es de notar que la película esta hypeada, por supuesto. Llegué a leer por ahí que era lo más logrado del director, que en esta película expresa de forma contundente su experiencia e ideología y que su pito es cuadrado y nuestro culo lo redondea. Y qué puedo decir, normalmente no soy partidario de sobrevalorar las cosas pero, repito, la despedida de este cabrón lo merece. Es muy simple: hablar de Hayao Miyazaki (y, para el caso, de Studio Ghibli) es hablar de calidad. Su nombre en una película es seguro de que no verás algo malo, y si no lo conoces, debes. Y sí, también hicieron una retrospectiva de él en Los Simpson y una parodia en South Park.

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