Murakami y su ídolo del Poder.

Estándar

FREDO MERCURY, “Tan tarde, siempre roso…”

Suele ser cosa común, y si ustedes se encuentran leyendo esto, puedo estar más que seguro que les ha pasado; en un rato de dispersión y ocio, con los calores de unos cafés y el intercambio de miradas a través de delgadas cortinas de humo de tabaco, que el cauce de la conversación, una vez repasada la bitácora del ‘día a día’ y ‘¿Cómo estás? Yo bien, ¿y tú?’, barrido los terrenos de la política, catado unas cuantas piezas musicales, los lleva a terrenos de la literatura, donde al menos una vez de tantas permitieron salir a flote la figura de Haruki Murakami.

¡Pues es inevitable concederle dos minutos de la acalorada charla cuando el sujeto ha logrado colarse en todos los puntos de lectura! Sólo pongan el tópico ‘Literatura japonesa’ sobre la mesa y con brío casi instintivo sus interlocutores soltarán: ¡Haruki Murakami! (cosa que, sólo expresarla, me deja mal sabor de boca, y no es que pretenda desacreditarlo),  aunque no hayan siquiera leído el título de cualquiera de sus libros. Dadas entonces las circunstancias, es alguien que no requiere presentación. Así, previo al tema que nos trae aquí, me resta decir que, aún considerándome fanático de autores nippones, Murakami no perfila entre mis favoritos, sin embargo, cuando tengo el antojo de leerlo, termino satisfecho y contento. Como aquella personita con la cual no podremos tener una relación sentimental, pero es con la que puedes gozar del mejor sexo sin compromiso. Y con la obra que muestro ahora, no ha sido la excepción; La caza del carnero salvaje.

Ya de bastante tiempo, la figura del carnero ha sido icónica tanto en leyendas como en mitos. Tenemos carneros desde los griegos, como en el mito del vellocino de oro que es consagrado a Ares por Eetes, rey de Cólquida, quien lo cuelga en un árbol, el cual es custodiado por una hidra, con la que después se tendrá que enfrentar Jason. Hasta las representaciones eclesiástico-satánico-metaleras del mismísimo Patotas; pues relatos y retratos medievales se encargaron de desfigurar el mito griego de Pan por su fuerte simbolismo viril. Y en el mito más vigente y reconocido mundialmente, Cristo es el cordero de Dios que expiará los pecados del mundo. Pareciera pues, inherente a la condición histórica humana la imagen del carnero. Con este bagaje, Murakami hace uso de dicha imagen en su forma más natural: …un carnero… Sí, así, un carnero. No se para en dos patas ni posee pelaje dorado. Pero eso sí, no lo despoja de su carácter enigmático, que lo convierte en la inquietud constante que mantendrá enganchado al lector a la historia sin poder expresar ningún sentimiento durante el trascurso de las páginas hasta lograr el desahogo en el punto final. Apneas típicas de la pluma de H. M.

Para una nueva campaña publicitaria, un hombre de lo más ordinario decide echar mano de una fotografía que muestra un rebaño de ovejas con un paisaje montañoso de fondo, entre el rebaño se percibe un carnero. La publicación de dicha foto es causa suficiente para que este sujeto se vea involucrado en el vórtice de  un poderoso grupo económico y político que controla Japón, el emblema de este grupo es precisamente un carnero. Un hombre trajeado aparece en el despacho del personaje principal para prohibirle la publicación de dicha fotografía y encomendarle la misión de localizar a tan inerte animal, con la amenaza de que si falla en su intento, su empleo y  escasa reputación serán aniquilados. Tiene el plazo de un mes para dar con el paisaje de la fotografía, y por ende, el paradero del carnero. Sólo esa imagen y un breve relato del hombre trajeado son los elementos con los que cuenta el personaje para emprender su búsqueda, así,  con la ayuda de su amante parte hacia su odisea. La astucia de este autor le permite exponernos una historia casi mítica desde una estructura de narrativa policiaca. Pero ¿Por qué digo que es casi mítico? Porque en su universo literario son íconos fantásticos los que le dan sentido a la cosmovisión e interacción de sus personajes, ¿sería muy atrevido decir, que construye una metafísica se su universo?

Veámoslo desde esta perspectiva: Murakami amasa su mito alrededor de un ícono clásico (a saber, el carnero), dejando de lado eso sí, todo histrionismo, lo trabaja desde su forma más básica y elemental, al punto de mantenerlo ausente, su existencia la forja a partir de la evocación (básica y elemental) por medio de una imagen que lo muestra en su supuesto hábitat natural. En Crónica del pájaro que le da cuerda al mundo, tenemos un ícono ausente, que con sólo su trinar se le evoca, y así es posible el funcionamiento del mundo, aunque ésta sea una simple metáfora que expresa el protagonista. En el caso del carnero, no se descarta la posibilidad de que, al final de la historia, nos salte la idea que en realidad todas las piezas del tablero fueron movidas a capricho del él mismo, como lo expresa El Ratón, uno de los personajes. Más allá de aceptar la premisa básica de que efectivamente es así por el simple hecho de ser punto de partida y llegada de la encrucijada, en tanto pieza de un caso detectivesco por resolver. El pájaro brinda un desinteresado pulso vital, el carnero interviene en la psique de cada personaje.

Pero ¿Qué representa este ídolo en la historia? Una posible interpretación puede ser el afán de Poder. Aunque esté por demás la presencia explicita, su sola evocación basta para mover los hilos de los personajes. Uno de los hombres que tuvo al carnero por huésped ha logrado erigir un poderoso imperio empresarial y político capaz de controlar Japón, en la historia también se cuenta que el mismísimo Gengis Kan portó al carnero. Sin embargo, una vez que la bestia ha saciado su sed de ambición, abandona a sus posesos. Su fuerza es capaz emerger del inconsciente del sujeto hasta qué éste termine por somatizarlo, y como lo muestra la historia, aparece en forma de tumor encefálico. Pero me permito platear también la idea de verlo como aquel ser mítico que tiene la fuerza inconmensurable para echar a andar la maquinaria de la historia, escogiendo a su gusto quiénes serán sus intérpretes. Pero por otro lado ¿será acaso que esta elección se dé con el único propósito de mantenerse él mismo con vida, de mantener vivo el mito?  ¿Hasta dónde se le pude considerar como ídolo del Poder, tanto propio, como de aquel a quien posee?

Estas interpretaciones, no son conflictos con los que se enfrente el protagonista dentro de la novela, pero son unas de tantas posibles de pensar cuando se llega al desenlace, que es justo el momento donde el autor logra dar el giro de tuerca que la convierte en una obra digna de ser respetada. Este es a fin de cuentas, el análisis que tuve una vez cerrado el libro y he decidido compartir con ustedes. El hecho de enfocarme en la imagen del carnero, fue por parecer a ojo de buen cubero un recurso inusual y un tanto extraño en primera instancia, pero después nos damos que cuenta lleva en sí toda una connotación literaria y me ha pareció interesante tatar de asimilar de qué manera echó mano de ella Murakami.

 Esto queda abierto a discusión, esperamos sus comentarios, aquí en el blog o pueden hacerlo en Twitter: @Al_FredoQ

Si has llegado hasta este punto del texto, no me queda más que agradecer que haya tomado un poco de tu tiempo para leernos. Por ello, quiero recompensarlo aunque sea un poco, dejándote AQUÍ el link de descarga del libro. Y si no lo has leído, puedas así sacar tus propias conclusiones. DISFRÚTENLO.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s