Profetas en la posmodernidad

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LA PELOS, ”Pasa de $24,000; si no, ¡divorcio!”

Un título mamón encabeza el presente escrito, pero no con el fin de pasar por una pseudo-intelectual: lo que busco con el uso de términos tan pendejos es tratar de atrapar el alma de todos aquellos que se toman la libertad, descaro y autoridad para señalarnos el camino a la verdad. Para ello tomaré un ejemplo específico, de los muchos que hay actualmente, de estos seres superiores con los que nos topamos día a día.

Yo, como muchos de ustedes, tengo la desgracia de tener que convivir de una manera asquerosamente cercana con la humanidad. Como habitantes de esta decadente ciudad, sabrán muy bien que no hay manera más espeluznante de tener que convivir con el prójimo, que en esa especie de campo de concentración al que tenemos por costumbre llamar “Metro”. Sí, me estoy refiriendo a ese caldo de humores al que cualquier hippie multiculturalista describiría como la meca de nuestra civilización, ya que te puedes topar con cuanta clase de espécimen es capaz de habitar en el Distrito Federal. Podemos encontrarnos desde estudiantes, godínez, burócratas, hippsters, chairos, hippies, vagabundos, algunos fresas, faquires y cuanto grupo social que se encuentra entre la clase media baja hasta algunos que por folklore o mala suerte de la clase media y media alta viajan en tan pintoresco sistema de transporte y, aunque no los veamos, estoy segura que también ninjas (sí, todo buen relato necesita de ellos y, obviamente, este no es la excepción).

Pero además de todos los anteriormente mencionados, de un tiempo para acá han comenzado a surgir otro tipo de, digamos, “sujetos” que aparentemente creen tener alguna especie de supremacía sobre la porquería que viajamos en metro.

Estos nuevos profetas van de vagón en vagón esparciendo la buena nueva, pues como todo profeta, su misión es la de esparcir ese mensaje que es indispensable conozcamos para nuestra salvación. Con ello en mente se dan a sí mismos la libertad de imponerte su mensaje de la manera más violenta posible, valiéndoles madre si te encuentras platicando, escuchando música, leyendo, durmiendo o simplemente sin preguntarte si acaso quieres escucharlos o si te interesa tan grandilocuentes verdades que te enunciarán. Ellos simplemente comienzan a gritar y escupirte toda su sabiduría. Te hablan de “conciencia social”, de lo podrido que está nuestro país, develan (porque, claro, si no fuera por ellos no seríamos capaces de saberlo), las injusticias sociales de las cuales somos presas y, acto siguiente, una vez te han revelado lo que para todos es evidente, en un gran acto de superioridad moral te señalan tu falta de compromiso para cambiar esa situación, posicionándote como una basura al lado de su grandeza. Sin embargo, como los evangelizadores que son, te ofrecen la salvación a todos tus pecados y te señalan el camino a seguir, que no es otro más que su camino, mismo que, obviamente, es el que debes seguir si es que quieres acceder al grado de iluminación en el que ellos se encuentran.

La función social de estos evangelizadores, a pesar de lo que ellos puedan creer, no es muy distinta de aquella que se realiza por medios masivos de comunicación, a pesar del odio profundo que les suelen tener, y es que, sus enseñanzas son equiparables a los magníficos consejos que puedes encontrar en cualquier programa matutino de televisión o radio. Aunque claro,éstos últimos, al menos cuentan con unas tipas super buenotas, las cuales, a cambio de su sabiduría, siempre están dispuestas, al igual que los pendejos que salen con ellas, a enseñarte sus enormes y bien formados traseros y demás voluptuosidades con las que cuentan sus cuerpos. En el caso de la radio, te regalan sus “bellas” voces, esas que son capaces de emitir tanta felicidad como es posible en este pinche mundo.

Desgraciadamente, estos vagoneros no son capaces de ofrecerte semejantes ofrendas a cambio de sus consejos: ellos son más descarados y te piden dinero. Sí, ese monstruo que sustenta nuestro decadente sistema capitalista. Es justamente eso lo que te piden. Seguramente lo usarán para ir a su librería de confianza y comprarse algún libro que les permita poder citar a personajes que desconocemos todos los ignorantes, con los que tienen que toparse mientras esparcen su verdad, sin olvidar el bonito morral que llevan a todos lados para cargar sus libros y llevarlos de paseo, con el que demuestran su rechazo a las imposiciones sociales, sin por ello dejar de estar a la moda.

Finalmente, solo me resta decir: ¡me valen madres todos sus pinches consejos! Este mundo tiene mucho que se fue a la mierda y tu altruismo ramplón no salvará a nadie. ¡Y tampoco estoy pidiendo que me salven! No se dejen engañar: si tienen algún comentario al respecto de este escrito, ¡háganlo! ¡Ese sí me interesa!

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3 comentarios en “Profetas en la posmodernidad

    • ¿’Acomplejó’? Por más que le busco, no logro encontrar ningún complejo, ¿dónde es que lo viste tú? Ahora que si lo que no gusta es la manera ácida y cínica-humorística (que aunque muchos no la vean o la vean disfrazada de teorías psicoanalíticas básicas, no quiere decir que no estén ahí) con la que tratamos algunos temas TAAAAN COTIDIANOS, ¡venga!, que hay otros sitios donde se traten temas DIGNOS DE SER REPROCHADOS, o tal vez sean los mismos, pero con enfoques que no tengan “””complejos”””. Sólo es cuestión de buscar donde más te acomodes. A fin de cuentas nosotros somos ‘alternativa’ y no ‘La única opinión’. Sólo me queda agradecerte por brindarnos un poco de tu tiempo; porque la peor arma que hay contra todos es la ‘Indiferencia’. GRACIAS.

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