Desde el D.F. con amor (o cómo dejé de preocuparme por Mancera)

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LA VASCA, “Si rompe, que rompa”.

Gabriel… digo, Miguel Ángel Mancera, esa gran incógnita en nuestras vidas. Podríamos decir que es el Nicolas Cage de la política mexicana. ¿Por qué? Porque todo lo que hace parece que lo hace con buenas intenciones, pero luego todo acaba hecho una locura semejante al Dinamarca-Escocia en Neza (glorious as always, brownies) durante el 86. Pero me pregunto yo, ¿es tan malo? ¿Ha hecho tanto daño? O, en dado caso, ¿no le habrá hecho un gran bien a la ciudad en bastantes aspectos? Al inicio mi mente algo dañada después de tantos años en la granja de basura que es la Facultad Filos pensé que sí, pero al final, cuando la razón de gente de bien preponderó, logré entender que Mancera no sólo lo ha hecho muy bien, sino que es el mejor Jefe de Gobierno que la Ciudad de México ha tenido o tendrá. Desde mi punto de vista, Mancera es el tío malandrín, golpeador, estatista y corrupto que todos desearíamos tener.

Egresado de Loca Academia de Policías 3, siempre tuvo una fantasía de Policía Militar golpeando hippies en los sesentas (como Skipper y un servidor), y ha convertido el centro en un parque de diversiones donde puedes ir y jugar a whack-a-pussy cualquier día de la semana, especialmente en días feriados. Digo, ¿qué clase de gran hombre nos deja presenciar golpizas a jipis y chairos siempre que se da la ocasión? Yo he disfrutado de eso, incluso alguna de los marginales que viven en las piedras de la Filos ha sido arrestado y tratado sin ningún tipo de legalidad.  No sé si vale para vosotros, pero para mí Mancera es un visionario en el campo de los derechos de los animales.

Luego tenemos el tema del Hoy No Circula. Para muchos es un ultraje, para otros una bazofia, para muchos es una “chingadera”, pero para mí es la hostia en vinagre. No más volchitos (sí, así es como se escribe) del 50 en el carril central del periférico, no más pobres afeando las calles turísticas de la ciudad, no más tráfico en fines de semana, no más coapeños, no más nacos los fines de semana. Uno puede pasear tranquilamente un sábado por la tarde sin escuchar una y otra vez el asesinato de gatitos y perritos bebés con un acordeón. Gracias Mancera, gracias.

Como último punto de su gran obra es el metro. ¿Nunca habéis molestado a un animal acercándole comida y luego alejándola? Pues eso es lo que maese Mancera ha hecho con la línea 12 del metro y, en general, el transporte público de la Ciudad de México.  Por alguna razón, el metro es más lento, los metrobuses tardan más y los micros huelen peor, y todo un poco menos barato (sí, cinco o seis pesos no es caro). Vamos, si con el Hoy no Circula nos hemos librado de los pobres que no son tan pobres, con el transporte público como está nos libramos del peor tipo de pobres, los que no tienen ni para un cochino taxi. ¡Con suerte cada vez veremos menos chakas, menos coapeños, menos popó!

Propongo beatificar en vida a Mancera, y llamarlo antipatrón de los pobres. Porque además, chicos y chicas, lo que sucede sólo augura el regreso del siempre maravilloso PRI al poder de la ciudad y a una primera jefatura de gobierno priista en la historia del DF. Y de eso, chavales, sí que hay que preocuparse.

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