¿Cualquier día es bueno para morir? Piénsalo dos veces…

Estándar

CIGGIE, “Putos todos”

La Pelos nos cuestionaba sobre las maneras de vivir y de cómo llegar a nuestra última morada en su nota ¿Morir viejo y sano o joven y destruido? Habría que preguntarnos a nosotros mismos, ¿en realidad tenemos ese poder? Claro, podemos decidir cómo vivir, tener un estimado de cuan destrozado quieres estar y de cuántos años buenos te quedan antes de que fumes tu cigarrillo de despedida, o el nivel de bienestar al que quieres llegar cuando el color de tu cabello se torne en un blanco brillante, adorable y lleno de melancolía. Pero en muchos casos eso no influye del todo ¿o sí?

No es que haya un final fijado para cada uno de nosotros, que sólo estemos esperando la hora de nuestra muerte, todo esté escrito y que no podamos modificar nuestro camino y demás mierda. Sería maravilloso, no lo niego. ¡Imaginen las posibilidades! Podríamos hacer lo que quisiéramos, desde cruzar la calle sin fijarnos, hasta coger con la hija del regio más bragado y macho en la punta más alta del Cerro de la Silla sin repercusión alguna por desflorar a la luz de sus ojos. ¡Hermoso!

A lo que intento llegar después de tanto desvarío es a que, si la vida tiene un cruel sentido del humor, la muerte se la mata (ja ja ja). Podemos vivir una emocionante y admirable serie de escenarios y momentos, memorables si así lo prefieren, y estar sometidos a la tétrica incertidumbre del mañana, o de la aún más divertida falta de un mañana, pero al final lo que dejaremos en el mundo o por lo que nos tirará al olvido (al menos inmediatamente) es la forma en la que demos nuestro último aliento.

Puede que no los convenza del todo con esto y quizás estén en lo correcto al no comprármela, pero veamos los casos de dos personajes en las que sus maneras de morir influyeron en la forma en la que serían recordados.

¿Saben quién fue The Big Bopper? ¡Exacto!

Para hacerles corta la historia, fue un alegre caballero en Texas que en la época de los 50 y a sus veintitantos años, consiguió trabajo en la estación de radio local (era “DJ” y cantante), se casó con su chica, tuvieron una niña y recibía variadas ofertas de trabajo. ¿Acaso no es genial? El sueño húmedo de algunos texanos, envidia para otros posiblemente. Para él, la vida iba muy bien.

El hit más importante que tuvo en su carrera fue la canción conocida como “Chantilly Lace”, que Aretes de Tacón trae para su deleite y saquen a bailar a esa persona especial.

Una de las mencionadas ofertas de trabajo, y la última que tomara, se llamó “Baile de invierno del 59”, en el que junto con otros músicos (que no mencionaré en éste momento para evitar spoilers) recorrería las carreteras en un camioncito para llegar a distintas ciudades del medio oeste de E.U. Para cuando llegaron a la ciudad de Clear Lake, Iowa, y al terminar su presentación, The Big Bopper estaba muy golpeado por el clima y con una gripe terrible, de esas que nuestras abuelitas siempre nos advierten. Logró conseguir un lugar en el avión que otro músico del tour había conseguido… ¿quién era ese músico? Supongo que para este momento ya tendrán una idea de su identidad: Buddy Holly.

También en este avión y pese a su miedo a volar –como la película La Bamba nos lo hace saber– se encontró Ritchie Valens. Y el resto de la historia ya todos la conocemos: El día 13 de febrero de 1959 se conoce como “El día que la música murió”, debido a la tragedia que envolvió a los jóvenes músicos y a su piloto.

Teniendo todo esto en cuenta y a riesgo de leerme culero, el mayor éxito de la carrera de The Big Bopper no fue “Chantilly Lace” o formar una familia, sino morir con Buddy Holly y Ritchie Valens. Sin faltar el respeto tanto a sus fans como familiares, él hubiera quedado en el olvido si no fuera por la manera en que colgó los tenis. Tenía un gran sonido pícaro y un carisma único, pero nada fuera de lo común.

Farrah Fawcett, ¿opacada o ignorada?

Modelo, actriz de T.V., obsesión de una generación, musa de media noche y tantos otros adjetivos podríamos darle a esta mujer que desde finales de los 60, en los 70 y principios de los 80 –ya lo sé, está impresionante– dejó sin aliento a muchos caballeros, y más de un adolescente le dedico “una” en aquellos años. Tal vez la recuerden como una de Los ángeles de Charlie por allá del año del 76, o no. También hizo películas, aunque la mayoría fueron directo a la pantalla chica sin escalas.

En efecto, el año de 1976 fue su año, ya que su imagen fue la más vendida, reproducida e icónica. Apuesto todo lo que quieras a que la reconoces –claro, si no eres demasiado pinche joven, en cuyo caso no tendrías por qué estar leyendo este sitio–, ya sea porque la viste en el cuarto de alguno de tus tíos detrás de su puerta, al más puro estilo de los posters de taller mecánico u hojalatero de esos que inspiran al trabajo duro, o como una mera referencia de la cultura pop.

Después de una que otra nota de chismes de esas que jamás son suficientes para calmar nuestras ansias, con rupturas y nuevos comienzos, y una vez fuera del espectáculo –para ir directo al grano– muy tristemente en el 2006 se le halló cáncer colorrectal. Con esto empezó su guerra, una que perdería luego de tres años luchando contra una enfermedad que se había expandido al hígado y jodido el pronóstico de la anhelada recuperación por parte de sus agentes, que se veían positivos ante todo.

El 25 de junio del 2009 el telón cayó para ella, pero no como lo merecía. Si esto hubiera ocurrido una semana antes, un día antes o después, pero no ese día, habría ocupado encabezados en países enteros, ciudades llorarían mares por la muerte de un ícono de tal magnitud. Es probable que esta fecha no te suene, te valga tres hectáreas de verga o ni la tengas en cuenta, pero fue cuando algo más impacto todos los medios y, aunque no quisieras, fuiste partícipe de ese fenómeno mundial: la muerte de Michael Jackson.

Ocupando gran parte de la programación durante días completos, con titulares en periódicos, radio, televisión, artículos por la red, cualquier tipo de homenaje o de teorías de conspiración, era cercano a imposible que te enteraras de la otra muerte. Sé que miles de personas mueren diariamente, pero los medios se pasaron de culeros con la cobertura. Después de todo el tiempo hablando de cada detalle sobre la caída del rey del pop, en los últimos 30 segundos que tenían antes del corte mencionaban: “Por cierto, Farrah Fawcett murió… mañana sintonícenos, misma hora, mismo canal, para conocer las últimas noticias sobre Michael Jackson”.

Indignante o no, es todo lo que tengo para decir el día de hoy. Ustedes, el público conocedor de AdT sabrán si compran mi teoría sobre como los factores entorno a nuestra manera de ponernos la pijama de madera, tomar nuestra siesta más larga, influyen o no en la manera en que las generaciones posteriores nos referirán o todo se extinguirá junto con el destello de nuestros ojos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s