¡Los 10 mejores anime del 2014! (Parte 2)

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CHECHO BASTARDO, “La diarrea es una enfermedad de transmisión sexual”

He aquí el resto del top, con mis 5 anime favoritos de este año. Comenten aquí, no sean ñeros.

5.- Fate/stay night: Unlimited Blade Works – UFOtable – Takahiro Miura

Soy fan from hell de esta madre desde que salió originalmente como “juego para adultos”, allá en el 2004. Del Fate Project, pues. Ahora resulta que hacen esta cosa (que nos va a dejar en ascuas hasta abril del próximo año, por cierto), expandiendo una historia ya contada de una manera formidable. La animación es excelente, tanto así que, si no opaca la entrega de Fate/Zero en 2011-2012, demuestra que en UFOtable se tratan de superar constantemente, con un japo con látigo y no con Paulo Coelho. Aunado a lo anterior, un diseño refinado y un desarrollo de personajes mucho más amplio que en las anteriores versiones hacen de esta serie EL FAN SERVICE que cualquiera podría desear sin hacerlo hentai, ni siquiera vulgar. Está tan chingonamente producida que los primeros dos capítulos y el último de la temporada, que salió el domingo pasado, duran 47 minutos y no 23. El gran pero de todo es que pudieron hacer lo mismo con la historia que no se ha contado de la saga, que también está de huevos, en lugar de esta especie de reboot. Se agradece, en serio, está pocamadre y lo están haciendo muy bien, pero chale.

4.- Kiseijû: Sei no Kakuritsu – Madhouse – Kenichi Shimizu

He de ser honesto: no tengo ni idea de si este anime era esperado o no, ni si había un plan macabro para sacarlo y las empresas lo tenían guardado o no sé qué pedo. Lo que importa es que esta es la adaptación animada de uno de los mangas más estremecedores de la primera mitad de los años 90. Es ésta la serie a la que hacía referencia cuando hablaba de Tokyo Ghoul, que estará muy buena pero no acaba de ser algo así como un refrito darksss. Es sobre monstruos comegente y un morro que cambiará la historia, pero lo llevan a un extremo que algunos simples considerarían “adelantado a su tiempo”. Se meten en pedos de moralidad y de transformación psicológica que no fueron explotados por ambientalistas y sociedades protectoras de animales hasta una década después, me acuerdo. Es otra que terminará hasta el próximo año y, repito, me caga la espera, pero estoy emocionado. Por supuesto, no leí el manga cuando lo publicaron, era pequeño y mis intereses estaban algo alejados de la ficción de horror, pero ya tiene varios años y estaba poca madre, me acuerdo también. Y si lo que dije es una loquera, aún está de pelotas.

3.- Akame ga Kill – White Fox – Tomoki Kobayashi

Seguro a algunos no les parecerá, pero lo diré sin rodeos: este es, para mí, el mejor shônen que nos dio 2014. De entrada, porque no parece shônen, sino seinen: el tema principal es la muerte en un contexto entre anarquista y revolucionario, y está plagada de humor negro no tan ad hoc a la demografía. Sigue la moda impuesta por George R. R. Martin, pero a la nipona: los personajes como las flores de cerezo caen lento y constante, llevadas por el viento de primavera, conscientes de su inmanencia. Y no diré más al respecto porque es medio spoileroso. Por supuesto, cumple todos los requisitos de un buen shônen, con su dosis necesaria de acción, comedia, ecchi, romance, ambigüedad moral y narrativa exagerada. La selección musical es elegante, particularmente por el detalle de los cantos polifónicos para escenas de pelea. La animación no es quizá su mayor atractivo si la comparamos con lo que hicieron con Fate/stay night o con Sailor Moon, pero fue lo suficientemente bien realizada como para no levantar mayor queja, y el diseño de personajes y escenarios, quizá más en función narrativa que visual, se desvive en detalles. A los seguidores del manga, que se publica mensualmente desde inicios de 2010, les podrá parecer extraño y forzado el giro que da la serie en sus últimos 5 episodios, pero bueno, a ellos no hace falta decir más.

2.- Space Dandy – BONES – Shin’ichirô Watanabe

Parafraseando a Baudelaire, un dandi es aquel que vive la estética como una religión o una filosofía, el que se dedica a cultivar la idea de belleza en su persona, a satisfacer sus pasiones pero desdeñar lo mundano; para el dandi, la ropa y la elegancia material no son más que el símbolo de la aristocrática superioridad de su mente. El dandi original estaba preocupado por el refinamiento en el hablar, las actividades recreativas, la buena comida, los buenos opiáceos y, en general, la apariencia física; no tanto por los modales ni las buenas costumbres. Es, pues, un conglomerado de clichés de pinches burgueses snobistas.

Hubo dandis famosos cuando ese pedo estaba de moda: Oscar Wilde, el mismo Baudelaire, Lord Byron, el Conde d’Orsay, etc. Sin embargo, el dandi, ante todo, es una figura literaria que sólo encontraba su máxima expresión en personajes como Dorian Grey, el detective Hercule Poirot, Lestat de Lioncourt o Jay Gatsby. En la actualidad, aunque hay banda ridícula que se sigue vistiendo así, lo que se conservó fue el modelo literario, que derivó en otros monigotes imaginarios como Willy Wonka, Gilderoy Lockhart, Tubalcain Alhambra o Salvador Dalí.

Este modelo literario tiene dos vertientes: la de la apariencia y la de los ideales. Los personajes anteriores cumplen más con la facha y el supuesto origen. Los ideales, de alguna extraña manera, se quedaron en el espacio de la comedia, haciendo del dandi un mujeriego empedernido que siempre trata de estar a la moda y de aparentar algo que no es en realidad, y al que normalmente no le sale. O sea, Johnny Bravo… De vuelta al tema, fue bajo este segundo modelo la construcción del personaje que ahora nos atiene.

Space Dandy es un dandi del espacio. Si ésta no es explicación suficiente, tienen que dejar de leer para ir a ver esta obra maestra del surrealismo y el absurdo en 26 episodios. No hay tanto más que explicar al respecto. Se trata de lo que podríamos llamar una ópera cómica disco espacial. La mayoría de los episodios son anécdotas concluidas, de forma que no es totalmente necesario verla en orden. El diseño de personajes, la animación y la acción en la serie son frenéticas, incansables, coloridas, viscerales. La narrativa es confusa, desalineada, inconexa, vulgar y, sobre todo, sacante de pedo a lo cabrón, pero está tan bien escrita que todo cobra sentido en los últimos capítulos. Siguiendo la tradición de BONES y del mismo Watanabe, está repleta de guiños, una buena mayoría sobre ciencia ficción, pero varios otros sobre otros anime, sobre historia de Japón o sobre música. Hablando de, se pidió que la musicalización se hiciera con instrumentos no creados después de 1984, because Watanabe. Y bueno, ya, a falta de mejores palabras, se puede describir esta serie como psicodélica, primero, y excelente después.

1.- Zankyô no Terror – MAPPA – Shin’ichirô Watanabe

Watanabe-sama se volvió loco este año. Después de dejar un par de años para estar tranquilo, o yo qué sé, regresó con dos megaproducciones que no tienen nada que ver una con la otra. Salvo el hecho de que él es el director en jefe y le volvió a pedir a su amiguita Yôko Kanno que hiciera lo que mejor sabe hacer. Y, por supuesto, el resultado fueron dos genialidades que se volverán clásicos en poco tiempo, junto con sus otras tres creaciones. Si alguien todavía está dudando de lo que hablo, ahí les va…

Watanabe es conocido principalmente por Cowboy Bebop (1998), que es su opus magnum, los cortos que hizo para Animatrix (2003) y Samurai Champloo (2004). En ambas, su estilo se caracteriza por el pastiche, utilizando elementos anacrónicos y contrapuestos en un ente que, a pesar de todo, aparenta armonía; por sus historias, que inician simples y pueden terminar en la incomprensión total, y por una clase de superpoder que consiste en saber convertir lo anterior en un musical buenérrimo. Cowboy Bebop era un western de jazz en el espacio y Samurai Champloo un chanbara con negros y hip hop. Luego de una larga pero relativa ausencia, volvió al asiento del director con una novelita josei titulada Sakamichi no Apollon (2012), de nueva cuenta con Kanno en la dirección musical, sobre unos jovencitos jazzeros de los años 60. Fuera de su participación en Mind Game y en Michiko to Hatchin no hay mucho más sobre él en los dosmiles. Hasta ahora.

Han de decir: “¡Chale, por qué tanto de ese wey!”. Pues porque su trabajo es siempre bueno. Más aún, no sabía si poner Space Dandy en primer lugar o ésta, y por un momento pensé en poner ambas. Pero, como dije, no tienen nada que ver. Ésta es de otro estudio de animación con una intención totalmente distinta. Si Dandy se parece en el arte (más o menos) a Cowboy Bebop, la estética de Zankyô no Terror es mucho más cercana a la de Sakamichi…. Si la primera es eminentemente cómica, la segunda guarda la comedia para un público de humor bastante negro.

Watanabe juega en Zankyô no Terror con la incorrección política: los protagonistas son morros terroristas en Tokyo, y se explica su historia completa en 11 capítulos. La temática es densa, tratada como un thriller policiaco con algunos tintes de noir. Como dije, la música es nuevamente de Yokô Kanno, pero esta vez ayudada por un grupo islandés y, según ella, inspirada en motivos de por allá. La animación, el diseño de personajes y de escenarios son excelentes, plagados de detalles que complementan a la perfección la narrativa, y MAPPA lleva ya un rato haciendo cosas geniales.

Dejando a un lado los aspectos técnicos, la anécdota es conmovedora. Su ritmo te mantiene en todo momento atento a lo que sucederá, cada capítulo con acción y bombas. Es de esas series que, tras ver un capítulo, te gritan que veas el siguiente, y así te la puedes chutar de una sentada. Lo que vienen siendo los giros de tuerca también están presentes y, si bien pueden no ser lo más sorprendente, son de agrado aún a los más críticos. Y bueno, ya a la verga, no debo continuar con esta felación mental. Decía hace un momento que no sabía cuál poner en primer lugar. El factor decisivo fue que este anime me hizo llorar como una quinceañera, algo que tenía un buen rato no pasaba.

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